El Miedo a Sufrir

Ofrecer resistencia es una de las alternativas frente al sufrimiento. Oponerse, rebelarse, negarse a padecer. Intentar establecer una fecha de caducidad a los sentimiento de tristeza o de pérdida que acompañan algunas episodios del vivir. Huir a cualquier precio de los recuerdos desagradables.

Todo para descubrir la paradoja que acompaña las intenciones de no sentir dolor:
Mientras más miedo a sufrir, mayor el sufrimiento.

B. sostuvo una relación amorosa durante varios años con un hombre más joven que ella. Nunca se ha pensado infeliz en su matrimonio de más de 20 años. Al contrario, tiene una buena relación con su marido y no se imagina la vida si él le faltara, pero no pudo resistir las ganas de volver a sentirse enamorada. Las heridas de su ego eran tan invisibles que de verdad se creyó que solo quería divertirse. Como ocurre casi siempre en situaciones así, las cosas se transformaron de placenteras a muy dolorosas. B. tuvo que terminar la relación porque se cansó de mentir y de tener una vida oculta. El dolor de la ruptura ha sido mucho mayor de lo que había imaginado. Ha tenido que aceptar que su relación extraoficial se había vuelto algo vital para su bienestar y para su amor propio. La tristeza de la pérdida se ha agravado porque la tiene que ocultar de la mirada de su marido pero sobre todo porque insiste en negarse a si misma que lo que parecía un juego se volvió adicción. Ha dejado de comer, de dormir, de hacer deporte, de hablar con sus hijos y de disfrutar de su vida. Está aislada, enojada casi todo el tiempo y muy silenciosa.

Nadie entiende qué le pasa.

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R. se volvió el hijo imprescindible cuando su madre enfermó de gravedad y se encargó de aminorar el sufrimiento de sus últimos días. Mientras sus hermanos lloraban incrédulos, él buscaba otras opiniones médicas, organizaba enfermeras y cuidadoras, se ocupaba de que no faltara nada en el refrigerador y resolvía sus asuntos laborales durante las madrugadas. Casi dejó de dormir durante los 6 meses que el cáncer tardó en consumir a su madre.

Después de que murió, R. volvió de inmediato a su vida de antes pero no ha podido llorar ni siquiera una vez. Le ofrecieron un trabajo demandante que aceptó sin pensar. No ha vuelto a ver a sus hermanos ni ha podido entrar nuevamente a la casa donde murió su madre. Se dedica a trabajar todo el día acompañado de tabaco y cafeína.

Para no enfrentar el sufrimiento de una relación desgastada o rota, muchos buscan el amor afuera pensando que un tercero será la solución. También para resarcir una autoimagen lastimada. El sufrimiento de los triángulos amorosos casi siempre se frivoliza y se subestima. Que ocurra con frecuencia no elimina el dolor de todas las partes involucradas. La ligereza inicial de un affaire casi siempre se vuelve conflicto e infierno.

Muchas veces las personas se dan cuenta de la muerte de alguien muy querido, mucho tiempo después de la desaparición física. La aflicción puede quedar enterrada cuando no hay tiempo para llorar una pérdida. Es común entregarse a la actividad frenética o a la huida de la tristeza en compañía de amores-relámpago, alcohol y otras drogas.

Alguien que no soporta su soledad entra y sale de relaciones desastrosas.

Su compulsión a buscar compañía le ocasiona mucho más sufrimiento que el que calcula le traerá la soledad.
•Disociación de la realidad

En vorágines de relaciones irreflexivas se pierde el amor propio y la paciencia necesaria para ser selectivo en el terreno del amor.
•Destruye inconscientemente su autoestima

El pensamiento mágico subyace a la creencia de que si algo no se nombra no existe.
•Estado de negación y autoengaño

Saber aceptarse y declararse triste, afligido, en duelo, sufriente, lastimado, vulnerable, dependiente o necesitado, suele ser un proceso más natural y constructivo que alimentar una fantasía omnipotente
•El estado de depresión le es mas cómodo y familiar, un estado de paz y felicidad es terreno desconocido por lo tanto no se atreve a descubrirlo.

 

¿COMO VENECER LOS MIEDOS?

1.- No los quieras vencer, mientras mas “luches” contra ellos, mientras mas te les resistas, mientras más enojo o tristeza te genere tener esos miedos, más fuertes los harás.  

Mejor… conoce tus miedos, averigua de dónde salieron, a partir de cuándo lo tienes, identifica cuándo se te dispara, ubica bien esos momentos, conoce cómo reaccionas cuando llegan, en fin, conócelos para que puedas descubrir qué hacer con ellos.   

2.- Recuerda de algún momento en el que tenías miedo, y de qué activaste en ti para salir adelante, contacta con tus fortalezas, recupera tu poder interno, y haz todo lo que necesites hacer para sentirte seguro y segura frente a ese miedo.  Si necesitas desarrollar una habilidad, hazlo, si necesitas aumentar tu autoestima, enamórate de ti mismo, si necesitas sentirte seguro, busca esa seguridad en ti mismo, en que sabrás cómo responder a esa situación que temes, y prepárate para responder de tal manera que te sientas con los recursos de enfrentar al lobo. 

3.- Exponte a eso que le temes, o sea, deja de huir, de evitarlo.  Si tienes miedo a ahogarte, actúa como si te estuvieras ahogando, (hazlo acompañado de un terapeuta de preferencia), pero date cuenta de que eres capaz de afrontar eso que temes; si tienes miedo a la soledad, quédate sólo hasta que te sientas cómodo y a gusto contigo mismo.  La mayoría de los miedos nada más están en la cabeza, y ya que vives o afrontas eso que temes, te puedes dar cuenta que no es tan desagradable, que no pasa nada, y que puedes afrontarlo perfectamente. 

4.- Platica sobre lo que temes con algún amigo, o alguien a quien le tengas confianza.  Al escucharte hablar sobre eso, te podrás dar cuenta de lo que en realidad estás temiendo, y tal vez te des cuenta de algo que no cuadra o que suena ilógico, o simplemente dejarás de darle tanta importancia al dejarlo como algo secreto. 

5.- Recuerda algún miedo de tu infancia y dime, ¿alguno se volvió realidad? La mayoría de los miedos como ya dije, viven nada más en tu mente, y vives como si eso que temes ya estuviera pasando, cuando en realidad todavía no ha pasado, y es muy poco probable que suceda, pero eso sí, aumentan las probabilidades si todo el tiempo estás pensando en eso, tenso por lo mismo, paranoico de que suceda, alerta todo el día.  Intenta tomar la decisión de confiar en que sí sucede eso que temes, sabrás que hacer en su momento, pero que no tiene caso preocuparte desde antes. 

Si te fijas, la mayoría de los miedos están en el futuro, y la única manera de saber si se volverán realidad, será en el futuro, pero no ahorita.  Ahorita están sucediendo muchas otras cosas más que merecen tu atención, asi es que… regresa al presente.

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Artículo tomado de:
Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa.

Algunas aportaciones extra de:
Constelaciones Familiares Houston

Como vencer el miedo:
Fabiola Cuevas