Esa es la historia

Ese es el secreto de la historia

De repente pudo salir a la luz.

SOPHIE HELLINGER: Ese hombre con quien estuvimos en el almuerzo dijo: “Desde siempre hubiese querido tener un hermano y una hermana”. Eso dijo él. Luego agregó: Pero mi madre no pudo tener más hijos porque tuvo un embarazo extrauterino. Entonces yo dije: “Otra vez usted”.
El respondió: “¿Qué? ¿Qué sucede ahora?” “¿Qué hice yo?” Nunca era posible atraparlo. El siempre tenía una reacción a mano. El dijo: ¿Qué pasa ahora?
Yo dije: “Allí tienes a tus hermanos, en el útero de tu madre. Pero para salvarle a ella la vida tuvieron que quitárselos”. El hombre quedó profundamente consternado. Era la primera vez que yo lo veía así. Nosotros lo conocemos muy bien. Y él está enfermo. Yo le dije: “Dale a ellos un nombre. ¿Cómo se llaman?” El me contestó: “me gustaría Christoph”. “¿Y?” El siguió meditando largo tiempo pues nunca se había confrontado con este tema. Nunca. Luego dijo: “¿Christina, Christiane?” y Bert dijo: “Sí, Christoph y Christiane”.

EL SECRETO QUE SALE A LA LUZ

Nunca lo había visto así. Él está realmente muy enfermo. De repente todos pudimos ver que en su cuerpo había empezado a circular algo que hasta ese momento con cada indicación había fracasado. Él tuvo el impulso de ir hacia esos hermanos. De alguna manera la conversación marchó hacia ese punto porque él dijo: Un médico te manda a otro y éste a otro. Y el cardiólogo dice: Ese médico tiene que ayudar y el otro médico dice también lo mismo. “Yo tengo derecho a la ayuda: ¡hagan algo ahora!”.
Yo dije entonces: “Ellos no pueden hacer nada. Si alguno supiese lo que hay que hacer lo haría. En este caso ellos no saben de que se trata”. En todo caso él estaba profundamente conmovido, con una actitud completamente distinta. Estaba parado de otra manera y miraba de otra manera. Nunca lo habíamos percibido así.

BERT HELLINGER: Ya lo ven, aun en el almuerzo continúan en nuestro caso las constelaciones familiares.
Bueno, yo sigo con la jerarquía. O sea, aquellos que forman parte tienen y deben formar parte. E incluso en este caso los niños que partieron pertenecen a la familia.
Ahora, se trata de que nosotros encontremos dentro de la jerarquía nuestro lugar, nuestro exacto lugar. La mayoría de nosotros que piensa que somos el primero o el segundo o el cuarto o quinto se equivocan. Allí hay muchas otras personas que han quedado excluidas. Para variar hago con ustedes un pequeño ejercicio. Cierren los ojos. Yo cuento los números en voz alta y ustedes sienten en qué número se sienten bien y firmes sobre la tierra. Ese sería entonces vuestro número en el orden de los hermanos.
Entonces: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte.
Aquí me detengo. Algunos tienen hasta cien hermanos. Por ejemplo, un médico nos contó, y salió a la luz durante una constelación, que los padres querían un hijo mediante un método de inseminación artificial. Para ello fueron fecundados varios óvulos. Quedó en evidencia que todos ellos forman parte, todos ellos pertenecen. Aquí no podemos manipular.
Bien, ¿me extravié aquí o todavía no estoy perdido del todo? Los  dos órdenes básicos de los que fundamentalmente se trata eran: el mismo derecho a la pertenencia y la jerarquía, de que nosotros estemos en el lugar correcto y de que también nuestros hijos estén en el lugar correcto. Muchos padres que tienen dificultades con un hijo las tienen justamente porque el niño no sabe en qué lugar debe estar.