Equilibrio Entre Dar y Recibir

Desde el momento en que nacemos ya experimentamos el acto de dar y recibir: La unión física de nuestros padres, gobernada por el amor, nos permite recibir la vida que ellos nos dan.

El equilibrio entre dar y recibir es una de las leyes sistémicas según el psicoterapeuta Bert Hellinger.
En toda relación sea cual sea su forma (amor, amistad…) debe existir un equilibrio entre dar y recibir.

Equilibrio entre dar y recibir Bert Hellinger

Si nos fijamos en la relación de los padres con sus hijos o miramos nuestro sistema familiar veremos que por naturaleza, los padres nos dan más de lo que podemos darles, nos han dado lo más grande que podrían darnos y lo más grande que podríamos recibir, la VIDA, y eso no se puede devolver. Lo único que podemos hacer es aprovecharla. Aprovechar la vida y agradecérselo siendo felices y tratándolos con todo nuestro amor y respeto, lo han hecho lo mejor que han podido dentro de sus posibilidades.

Según la ley del orden y de la pertenencia en constelaciones familiares, los padres ocupan el primer lugar y después van los hijos, sin embargo, esto no sucede entre las parejas, ya que es una relación entre iguales, es una relación en la que ambos se encuentran, en la que ambos dan y ambos reciben, donde ambos tienen los mismos derechos y condición, y donde se crea un nuevo sistema, nuestro propio sistema.

Todos los sistemas necesitan un constante dar y recibir. Este dar y recibir se regula por las necesidades de todos los miembros del sistema en búsqueda del justo equilibrio. Todo el sistema está en busca de retroalimentación y de un equilibrio que lo sostenga.

Cuando recibimos algo, generalmente sentimos el impulso o necesidad de devolverlo, para compensar de alguna manera a la persona que nos lo ha dado. Este movimiento de dar y recibir juega un papel central muy importante en la vitalidad de nuestras relaciones. Cuando este intercambio se produce de manera amplia, positiva y equilibrada, nos sentimos cómodos, alegres, ligeros… Dar nos deja con sensación de plenitud y alegría. Cuanto mayor sea el intercambio, la relación será más profunda y con un mayor vínculo.

Tanto si damos en exceso como cuando recibimos en exceso, generamos un desequilibrio que pone en peligro las relaciones y nos ponemos en peligro a nosotros mismos. El acto de dar y recibir también tiene sus límites, no debemos dar más de lo que el otro pueda recibir y esté preparado para recibir, y tampoco debemos dar más de lo que tenemos para dar, pues nos quedaremos sin nada más que ofrecer.

Cuando uno de los miembros que forma la pareja siente que recibe más de lo que da, se siente en deuda con la otra persona, a veces se siente tan en deuda, que se convierte en una carga para él/ella, ya que siente que no puede compensarla, y es la persona que más recibe la que se marcha y decide terminar la relación.

En ocasiones nos sentimos tan en deuda con nuestros padres y con todo lo que hemos recibido de ellos que sin darnos cuenta acabamos dándolo todo en una relación de pareja o recibiéndolo todo sin dar nada. Sin darnos cuenta, seguimos en el rol de cuando éramos pequeños y nos convertimos en ese niño caprichoso o esa niña caprichosa que espera recibir ilimitadamente, y si no lo obtiene manipula para seguir recibiendo atención constantemente; si hemos tenido unos padres sobre-protectores acabamos sobre-protegiendo a nuestra pareja como nos hacían de pequeños (convirtiéndonos en su protector/cuidador o en su padre/madre) generando así que nuestra pareja se tenga que colocar en el lugar de niño/a que debe ser cuidado por el protector/cuidador, por ejemplo, y ocasionando un gran desequilibro que no beneficia a ninguna de las dos partes.

Recibir suele ser más incómodo que dar, si me dan algo lo devuelvo y si puedo, devuelvo un poco más porque eso me hace sentir mejor, ya que si recibo me siento en deuda, entonces… mejor doy de más.

Por otro lado, dar más de lo que recibimos supone que, mientras más damos más empequeñecemos a nuestra pareja, ya que está recibiendo más de lo que puede sostener, ese desequilibro, esa deuda se acaba volviendo en una carga imposible de sostener. En otras ocasiones, es tanto lo que damos que acabamos exigiendo recibir lo mismo que damos y colocándonos así en una posición de superioridad con respecto a nuestra pareja y generándonos una sensación de descontento y/o vacío.

Cuando no existe un equilibrio entre dar y recibir en una pareja se produce tal desequilibrio que, o se convierte en una relación “tóxica” y se enturbia mucho o se destruye por completo.

Estamos hablando todo el tiempo de actos de amor positivos, pero ¿sucede lo mismo en los enfados, peleas, o actos negativos? Por supuesto que sí, la transacción es la misma sólo que lo que doy, lo doy en negativo.

Las órdenes del amor son como el cauce de un río, son necesarias para que el río fluya de una manera natural, es decir, este equilibrio es el cauce de nuestro río, y el río somos nosotros. Si abren las compuertas de una presa o llueve excesivamente; el río comienza a llenarse, y a llenarse hasta que el cauce del río es incapaz de sostener todo el caudal que le está llegando, produciéndose así un desbordamiento y arrastrando todo lo que encuentra a su paso, destruyéndolo. Del mismo modo si el río no recibe nada de agua, acaba secándose; si tiene poco flujo de agua, se estanca.
Lo mismo ocurre con el dar y recibir, y por eso es tan importante su equilibrio.

¿Cómo lo hago?

equilibrioentredaryrecibir - Bert HellingerPregúntate, ¿Cómo está la balanza en tu pareja? ¿Cómo se manifiesta en ti y en tu pareja ese dar y recibir? ¿Quién da más? ¿Quién recibe más? ¿Qué necesitas? ¿Qué necesita tu pareja? ¿Escuchas realmente tus necesidades y las necesidades de tu pareja?

Habla con tu pareja, expresa claramente qué necesitas, cómo te sientes dando y recibiendo, del mismo modo escucha su parte. Necesitamos conocernos a nosotros mismos y conocer a nuestra pareja para saber dónde están los límites de cada uno en cada momento, no siempre podemos dar lo mismo ni en la misma medida, del mismo modo que no siempre recibimos lo mismo ni de la misma medida. Cuanto más claros y concretos seamos con nuestros pedidos (no es lo mismo que exigencia) más fácil se lo pondremos a nuestra pareja para satisfacerlo y viceversa. Si esta parte falla o falla la comunicación es posible que nos acabemos encontrando con situaciones donde estemos adivinando qué necesita nuestra pareja, dando palos de ciego, sin cubrir ni sus necesidades ni las nuestras, desequilibrando tarde o temprano la balanza.

Tomado de: Escalandolavida