Gracias, querido abuelo. Te amo.

Una de mis tías, la mayor, me dijo un día mientras conversábamos; – Papá nunca te quiso, te evitaba.
A mi corta edad, eso me caló los huesos y penetró mi alma.
Mi abuelo no era amoroso y, conmigo, no tuvo una muestra de amor que pudiera recordar.

Con eso guardado en mi corazón, un día caminando por la calle; me atreví a preguntarle ¿por qué nunca me has querido? no recuerdo un beso tuyo, nunca me has dado un beso.
En ese momento, voltea y me ve detenidamente y me dice; yo te dormí en mis brazos cuando eras bebé, yo te dormía aquí, mostrándome sus enormes brazos y manos que para un hombre de su edad aún conservaba sus casi 6 pies de altura.
Acto seguido, se detiene, se agacha y me da un beso en la mejilla derecha para borrar la memoria del nunca que había utilizado.
Mi cara se iluminó no importaba nada, ni las frases que escuché, ni lo que recordaba o no, yo dormí en los brazos de mi abuelo a quien amaba como a un papá, el me dio un beso que reconciliaba pasado, presente y porvenir.
Gracias abuelo, te amo.
Ana Lilia Hernán, tu nieta.








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