LOS CUATRO CIRCULOS DEL AMOR
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EL PRIMER CIRCULO DEL AMOR: Tomar con amor

¿Qué significa para nosotros el primer círculo del amor? Pues, representa aquel amor que nos ha hecho nacer, el amor de nuestros padres antes de nuestra concepción, antes de nuestro nacimiento. Es un amor del cual sólo tomamos. Los padres dan con amor y nosotros lo tomamos todo.
Haré una meditación con vosotros, a modo de ejercicio. Podéis cerrar los ojos, si os apetece.
Nos imaginamos a nuestros padres como una pareja de enamorados.
Nos imaginamos cómo se han encontrado, con amor. Cómo nos concibieron, con amor. Luego nuestra madre quedó embarazada.
Los padres se han preocupado, ansiosos por nuestro bienestar. Y durante nueve meses se han alegrado. Antes mismo de que hayamos percibido la luz del mundo, nos han cobijado continuamente en sus pensamientos. Nuestra madre nos ha sentido, dedicada a nuestro ser con amor, con esperanza, tal vez incluso con angustia ante el parto.
Luego hemos nacido. Hemos entrado en el espacio del mundo y nuestros padres nos han visto. Se han mirado a los ojos, luego a nosotros y han dicho: « nuestro hijo ». Y nos han aceptado como tal. Así es cómo se han transformado en nuestros padres y nosotros en su hijo. Han buscado un nombre para darnos y nos han brindado el suyo. Ahora, les miramos con amor, así como ellos nos han mirado con amor. Aceptamos la vida de ellos con todo lo que esto incluye. La tomamos al precio completo, al precio que les costó y que nos cuesta. Les decimos « sí » y « gracias ».
Observamos y sentimos lo que esto provoca en nuestra alma, lo que esto provoca cuando los aceptamos simplemente como son. A través de ellos, aceptamos también un destino determinado, porque ellos también tienen padres que a su vez tienen padres.


La vida ha fluido por todas estas generaciones, hasta alcanzarnos a nosotros.
Ninguno de ellos pudo agregarle algo a la vida. Ninguno pudo quitarle algo a la vida.
Todos lo han hecho bien. En el tomar y dar la vida, todos han sido perfectos. Todos han sido buenos. Abrimos nuestro corazón a esta vida que nos llega, gracias a estos padres. Sentimos el amor, el suyo y el nuestro. Esto es el comienzo del amor, el primer circulo del amor.

ERRORES DE LOS PADRES
Algunos querrán comentar que los padres también tienen sus defectos. Que no lo han hecho todo bien. Que habrían también podido y debido ser de otra forma. En el momento en que pensamos esto, perdemos a nuestros padres. El amor que existe a raíz de nuestra existencia, que la ha hecho posible y que la ha llevado adelante, no puede más fluir. Únicamente aquel amor que ve a los padres tal y como son, y consiente a ellos tal y como son, que acepta la vida así como ha fluido de ellos hacia nosotros, sólo aquel amor puede crecer. De lo contrario, nos quedamos discapacitados en el amor, sin posibilidad de progresar en él.

Querida madre
Hace un tiempo, le escribí a mi madre una carta, en el pensamiento. Hacía rato que había muerto. La miré con amor y le dije:
Querida madre,
Eres una mujer común, como miles de otras mujeres. Te quiero como a una mujer común. Y como una mujer común, has hecho errores, muchos errores. Tus errores me han hecho así como soy en el día de hoy, porque los he aceptado y porque te quiero con todos tus errores.
¿Qué sería yo sin tus errores? ¿Qué pobre infeliz sería, sin fuerzas? Te quiero así como eras, una mujer común. De esta manera, te tomo en mi corazón. Así te quiero. Eres la correcta para mí. Ahora te ofrezco algo, algo muy particular. Me desprendo de mis expectativas hacia ti, las que van más allá de lo que se puede exigir de una mujer ccomún. He recibido todo lo que necesitaba, y está bien para mí. Tú puedes ser la que eres, simplemente.
Yo también puedo ser el que soy, tal y como soy. También soy corriente, igual que tú. De esta forma estamos tú y yo unidos en el amor.

LO IMPERFECTO UNA FUERZA
Numerosos adultos se quejan de su madre o de su padre y sugieren que habrían tenido que ser distintos. ¿Qué ocurre en ellos entonces? Se vivencian desconectados del verdadero y profundo amor. Lo notable es que estas personas tienen expectativas con respecto a los padres como sólo las podemos tener con respecto a Dios. Como si nuestra madre y nuestro padre debieran ser iguales a Dios, es decir perfectos. Pero aun Dios no es perfecto.
¿Tal vez me pasé con lo que digo? Dios es imperfecto. La fuerza motora detrás de todo lo que se mueve es imperfecta. La fuerza creadora es imperfecta. Lo perfecto deja de ser creador.
Hasta en Dios existe este movimiento, eternamente creciendo. Sólo así me lo puedo imaginar. ¿Y tendrían que ser nuestros padres perfectos? Para mí, pueden ser como son, los acepto tal como son.

EL SEGUNDO CIRCULO DEL AMOR
Contemplo mi infancia y todo lo que he vivido durante aquel tiempo: lo bueno y lo difícil. Y asiento a todo lo que pasó, tal y como fue. Gracias a ello, pude crecer, por ser todo así como fue. Crecí gracias a que pude aceptarlo. Esto es el segundo círculo del amor: tomar, sencillamente tomar. Con frecuencia, nos rebelamos contra nuestros padres, o tal vez nos hacemos cargo de algo en su lugar, pensando que les debemos ayudar. Frente a ellos nos vemos como los grandes, y en nuestro sentimiento y ante nuestra mirada les achicamos.
Quien ante sus padres se rebela, lo consigue porque ellos le están continuamente dedicados. Sólo pueden rebelarse los que tienen un hogar. El “sin hogar” no lo puede. La presunción que a veces se perfila en esta rebelión es, en el fondo, debilidad y mediocridad.
¡Pues no! ¡Quedemos en nuestro lugar de hijos y tomemos de los padres todo lo que nos dan! Así logramos crecer en el segundo círculo del amor, hasta alcanzar el punto de sentir el impulso para dar más lejos lo que hemos recibido.

EL TERCER CIRCULO DEL AMOR: Dar con amor a la pareja y a los hijos
Entonces, nos separamos de los padres, pero colmados con todo lo que, con su amor, nos han brindado. Sólo entonces estamos capacitados para una relación de pareja y para relaciones en que se trata de dar y de tomar en la misma medida, relaciones basadas en un intercambio equivalente.
Cuando la pareja llega a tener hijos y a ser padres, logran dar más lejos lo que han recibido de sus propios padres. Son capaces de dar porque antes han tomado. Esto sería el tercer círculo del amor, el camino de crecimiento en el amor.
Haré un ejercicio con vosotros, podéis cerrar los ojos.
Mirad a vuestra pareja, a la que estáis vinculado o casado desde hace muchos anos, quizás.
O quizá, estáis aún buscando una pareja, hombre o mujer, con la cual deseáis crear una familia. Imaginad lo que a menudo ocurre.
Dos personas que se enamoran, potentemente flechadas como quien dice, totalmente ciegos. Es una sensación hermosa.
Ahora bien, ¿contribuyen al amor o esperan algo de él? ¿Están maduros para dar y tomar o están llevados por su enamoramiento a juntarse y, ¡ojalá! más tarde a crecer y a ver al otro tal y como es?
Con esto empieza el amor verdadero entre hombre y mujer, el amor « a segunda vista ».
Pero observamos también que muchas relaciones de pareja fracasan. Una de las razones es que uno u otro en la pareja, o ambos, no han cruzado completamente los dos primeros círculos del amor, no han tomado todo de los padres.
A veces, a la mujer quejándose por no encontrar a un hombre, le digo esta frase provocadora:
« Sin madre, no hay hombre ».
La persona que no ha tomado a su madre sólo puede amar en la superficie, no consigue amar profundamente.
Ahora miremos a nuestra pareja y volvamos a nuestra infancia. Miremos a nuestros padres y a lo que nos han dado a lo largo de los años.
Les decimos « Gracias. Ahora tomo de vosotros todo lo que me habéis ofrecido, así como me lo habéis dado. Acepto todo, incluso lo difícil. Lo tomo todo en mi corazón. Todo lo que fue tiene la posibilidad de ser así como fue ».
De repente sentimos cómo nos fortalecemos con esta aceptación.
Una vez tomado de los padres, miramos a nuestra pareja y percibimos el cambio que toma posesión de nosotros, realizamos cuánto mas capaces somos de amar.
Con menos expectativas, menos ilusiones, pero los dos pies en el suelo y con la fuerza necesaria para lo que esta relación nos brinda a lo largo del tiempo, así como lo que nos exige.
Habiendo tomado de ellos, podemos volcar hacia los hijos nacidos de nuestra pareja todo el amor que nos ha venido de nuestros padres. Si no tenemos hijos, volcamos este amor hacia algo que hacemos al servicio de la vida.

LAS PRUEBAS DEL AMOR
Alguien podría argumentar: « Todo esto suena muy ideal. ¿Pero que tiene que ver con la realidad? Mi mujer es así o asa, su familia es así o asa, etc. ». Pues sí, estas son las pruebas del amor. El amor profundo tiene que recorrer un camino, un sendero de purificación.
Tengo un amigo en Polonia, es psicoterapeuta. Me contó que juntó a jóvenes de muchas culturas distintas. A judíos y a palestinos, a musulmanes y a cristianos. Después de un tiempo, se llevaban muy bien. En el Cáucaso, donde existen comunidades en conflicto, fue a buscar a jóvenes de diferentes pueblos. Ellos también, al cabo de poco tiempo, simpatizaron.
Le pregunté cómo había procedido para llevarlos hacia esta armonía. Me contestó que había sido muy fácil, había hecho con ellos un ejercicio. Y ahora lo hago con vosotros.

MEDITACION: EL AMOR PURO
Cerrad ahora los ojos.
Imaginad que tenéis un nombre, vuestro nombre y vuestro apellido. Luego dejadlo de lado, abandonadlo…
¿Acaso falta algo? ¿Os sentís disminuido por eso? O, a lo mejor, este nombre resulta irrelevante frente a lo esencial.
Habéis también tenido éxito en vuestras vidas. Pues dejadlo de lado, y comprobad si algo le falta a lo esencial.
Mirad luego vuestra religión o vuestro idioma, vuestros deseos y expectativas. Dejadlos de lado, y comprobad si algo cambia por eso, si habéis perdido algo con eso. Más que soltamos aquí una cosa tras la otra, más se profundiza nuestra concentración en lo esencial, en el núcleo de nuestro ser. En aquel lugar, somos realmente « yo » y realmente presentes.
Recogidos de esta manera, recogidos en nuestro ser esencial, miramos a nuestra pareja. Hacemos lo mismo con respecto a ella. Desviamos la mirada de lo accidental, de lo que nos hace topar contra ella, un comportamiento quizá, o cualquier otra cosa. Lo soltamos todo, a su familia también, sea como sea, hasta conseguir percibirle en el núcleo de su ser, ahí donde está completo, y presente. De núcleo a núcleo, se da una relación totalmente otra, y un amor de diferente índole. ¿Qué es pues, lo que impide este amor? Lo irrelevante, lo accidental. ¿Qué abre la puerta al amor profundo? Lo esencial. Llegar ahí necesita una purificación. Y ahí encontramos un amor puro. En la pureza de este amor, todo lo que nos alegra encuentra su lugar. La alegría que surge de este núcleo del ser es la alegría perfecta, plena.
Bert Hellinger

EL CUARTO CIRCULO DEL AMOR: Un amor que lo abarca todo
Quisiera ir con vosotros a otro nivel más del amor.
Existe un cuarto círculo, totalmente distinto. Habitualmente, cuando amamos a alguien, algunos aspectos de él nos gustan. Otros aspectos no nos gustan y los rechazamos. Igual que para nosotros mismos, algunas partes de nosotros nos complacen e incluso las ostentamos. Otras partes nos molestan y las negamos, las reprimimos. Nos gustaría deshacernos de ellas.
Sin embargo, somos completos únicamente cuando cada aspecto puede obtener su lugar. Para explicar esto, os leeré una pequeña historia. Mientras escucháis, podéis sacar alguna conclusión respecto a su significado.

EL PARADOR
Un hombre pasea por las calles de su tierra. Todo aquí le suena conocido y un sentimiento de seguridad le acompaña – así como una pizca de tristeza. Porque mucho le quedó ocultado y numerosas veces se topó con puertas cerradas. Estuvo tentado de dejar todo por detrás de él y mudarse lejos, muy lejos de allí. Pero algo lo retuvo siempre con firmeza, como si estuviera luchando con algún desconocido, sin lograr soltarse antes de recibir su bendición. Así pues, se siente preso entre avanzar y retroceder, entre quedar y marcharse.
Llega a un parque, se sienta en un banco, sintiendo el respaldo, respira profundamente y cierra los ojos. Deja que sea, su largo combate, y abandonándose a la fuerza interior, siente descender la calma en él y afloja, como un junco en el viento, en sintonía con la diversidad, el amplio espacio, el largo tiempo.Se ve a él mismo como una casa abierta. Cualquiera que lo desea puede entrar, y el que entra trae algo con él, queda un rato… y luego se marcha. En aquel parador es un continuo entrar, traer, quedar… y marcharse. El nuevo visitante trae consigo algo nuevo, y con el tiempo se hace viejo. Y llega el momento en que se va.

A aquel parador llegan muchos desconocidos que, hace tiempo, se olvidaron o se excluyeron. Ellos también traen algo, permanecen un momento… y se van. Cualquiera de ellos, al llegar, se encuentra con los que llegaron antes que él y los que llegan después de él. Ya que son muchos, todos deben compartir. El que tiene un lugar, conoce sus límites. El que quiere algo debe acomodarse con lo que hay. El que ha venido tiene la posibilidad de desarrollarse, mientras queda. Pudo entrar porque otros se fueron, y se marchará en cuanto otros lleguen. De esta forma, en aquella casa hay sitio y tiempo para todos.
Mientras la persona está ahí sentada, se siente como en su casa, en confianza con todos, los que vinieron y siguen viniendo, los que trajeron algo y aún traen algo, los que quedaron y aún están, los que ya se fueron y los que ahora se marchan. Esta persona percibe cómo lo incompleto de antes se siente ahora entero, percibe cómo la lucha llega a su término y cómo la despedida se vuelve posible. Espera aún el momento oportuno. Luego abre los ojos, hecha un vistazo al rededor, se incorpora… y se marcha.

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