LAS FUERZAS DEL AMOR – BRIGITTE CHAMPETIER DE RIBES
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Fuerzas universales tan contundentes e inexorables como la fuerza de la gravedad.

La armonía en nuestras vidas nace del respeto de esas fuerzas del amor. La primera, que incluye a las otras tres, es también la más exigente: es el asentimiento a todo tal cual es. 

Amar es aceptar incondicionalmente la vida dada por nuestros padres. 

La primera fuerza va totalmente unida a la segunda, digamos que la presupone: la segunda fuerza del amor es el orden. “La vida dada por nuestros padres” reconoce que esta vida existe porque, y únicamente por ese motivo, somos los hijos de estos padres. Aceptar la vida es aceptar la vida dada por nuestros padres. Es aceptar ser los hijos de estos padres, o sea, aceptar nuestro lugar. Aceptar que nuestra vida es determinada por nuestro lugar de nacimiento. 

La segunda fuerza del amor es por lo tanto el respeto de la dimensión espaciotemporal de nuestras vidas, es decir el respeto a ciertas prioridades: 

La prioridad de la jerarquía natural: el lugar ocupado depende del momento de nuestra entrada en la vida, ni la herencia ni los méritos propios nos permiten decidir qué lugar ocupar. El individuo que está antes tiene prioridad sobre el que viene después.
– La prioridad del sistema más joven que tiene más fuerza al servicio de la vida que los sistemas más antiguos. La dimensión espaciotemporal de nuestras vidas es pues fundamental a la hora de vivir el amor y de realizar nuestra humanidad con plenitud. 

La tercera (aunque no hay orden entre las fuerzas) fuerza del amor dice que todos pertenecen por igual independientemente de sus actos. Su movimiento es el de la inclusión y del respeto de la diferencia: todos son distintos y tienen el mismo derecho a pertenecer. 

Y la cuarta es la de la compensación, o equilibrio, entre ganancias y pérdidas o equilibrio entre dar y recibir. Nos habla de nuestra estructura energética, enteramente hecha de polaridades. Esta fuerza es la que fusiona todos los opuestos en un gran movimiento de creación de energía. Fundir lo dual en una unidad crea energía y abre a algo nuevo; esta fuerza está al servicio del Vacío creador. Con vacío creador me refiero a este campo ilimitado de todas las nuevas posibilidades, ese espacio que baña el uni-verso, en el que todo es energía y creatividad y donde las probabilidades infinitas nacen y mueren en cada instante. Sabemos que ese campo es un campo de conciencia al servicio de nuestra vida y de nuestro acercamiento a la abundancia de la vida que precisa la fuerza de la rendición para conectarnos con algo nuevo. 

Vivir con gratitud permite equilibrar el dar y recibir: agradecer a nuestros padres habernos dado la vida, sea donde sea que coloquemos la palabra gratitud, esa actitud de amor colmado por todos los regalos de la vida que es la gratitud, forma parte del todo y pertenece, especialmente, al presente que lo abarca todo. Sentir gratitud incontenible hacia todo es la señal de estar viviendo en sintonía con el instante presente. 

Esta cuarta fuerza tiene un lugar especial ya que se transforma en la herramienta de reparación de las otras fuerzas del amor.
Equilibrar o compensar. Todo se compensa en todo momento, de un modo automático, instintivo e inconsciente. Tanto individual como colectivamente. Las fuerzas que dirigen la vida, humana y animal14, nos orientan irremisiblemente hacia el amor, la inclusión, el equilibrio y el respeto. Cuando estas fuerzas son transgredidas es cuando observamos su efecto: estamos tomados por la fuerza dolorosa de su reparación y no podemos escapar de ese movimiento de compensación que nos pide rendición, amor, inclusión y respeto. Es útil recordar que, salvo la primera fuerza, las otras tres actúan tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Existen pertenencia individual y pertenencia colectiva, orden individual y orden colectivo, compensación individual y compensación colectiva. Mientras que el asentimiento a lo que hay es una decisión personal. 

La vida es regida por las leyes físicas y sistémicas del amor mayor.
Vivir es amar, amar es vivir.