Existen varios niveles en el perdón

Cuando miles de personas, cientos de miles, han vivido la misma emoción o creencia o actitud, esta vivencia crea lo que R. Sheldrake llama un campo mórfico de resonancia.
Significa que crea una atracción irresistible y los vivos están atrapados por esa resonancia sin poder hacer otra cosa que imitar instintivamente la vivencia de este inmenso grupo de personas.

Brigitte Champetier de Ribes

Bert Hellinger: existen varios niveles en el perdón. En una pareja, cuando uno de los dos ha hecho daño al otro y se dicen “olvidémoslo.” Se trata de hecho de un perdón mutuo, el tema está zanjado. Es un perdón benéfico. Ahora bien, tomemos el caso de un esposo que ha tomado una amante. El hecho más grave no es que lo haya hecho, sino que lo confiese… y que su mujer le perdone. ¿Qué ocurre entonces? ¿El amor puede resistirlo? Con su perdón, la mujer hace pequeño al hombre y a la vez lo condena. Pero si nadie es mejor que el otro. Cuando alguien ha cometido algo contra el otro, suele esperar que este último le perdone. Cuando han existido abusos en una familia y el padre le pide a su hija que le perdone, vemos que ese padre no considera su culpabilidad y que la hija no mira lo que ocurrió. La hija se siente invitada a hacerse superior a su padre, como si tuviera derecho de hacerlo. Lo mejor que pueda hacer esa hija es que diga a su padre: “te dejo tu culpabilidad. No tengo derecho de perdonarte” el padre entonces conserva su dignidad, la hija también y posteriormente se pueden separar. Pero si la hija perdona, siguen atados el uno al otro. Lo que hago pues en mi trabajo es verificar las consecuencias cuando, por ejemplo, alguien dice: “te perdono”. En varios niveles.

En un congreso sobre las Constelaciones Familiares en Colonia, participaban unos periodistas de África del Sur. Eran miembros de la comisión de investigación sobre la verdad durante el apartheid. Se trataba de hecho de perdonar a los perpetradores. En África del Sur perdonar funciona de otra manera que aquí.
La víctima siente que el culpable le ha limitado en su humanidad y espera que, gracias a su comportamiento, él manifieste que es humano.
Si lo manifiesta con una actitud constructiva, ayudando por ejemplo, la víctima puede decirle: “ahora puedo perdonarte”. Es muy profundo y no va de un superior a un inferior.
Vincula a la víctima con el perpetrador.
En el debate que siguió, pregunté a estos periodistas: “en realidad, ¿qué significa perdonar?” Me contestaron: “significa que le digo al otro: soy como tú”. Evidentemente es distinto del perdón que gastamos… 

Acabo de utilizar el método de la filosofía fenomenológica. Es decir que he tomado la palabra perdonar, he observado en qué contexto esta palabra se utiliza y cuáles son las consecuencias de ese uso, por ambas partes. Perdonar se transforma entonces en algo lleno, en distintos niveles. Cuando uno actúa así, aprende la prudencia en la utilización de una palabra como “perdón”. Uno siente donde es acertada y donde no. El caso extremo es la situación en la que hay víctima y asesino.

La pregunta entonces es: ¿cómo se puede llegar a la reconciliación? ¿Cómo puede haber un encuentro entre ellos para que se resuelva?
No hay solución posible mientras el criminal no es reconocido como ser humano y amado como ser humano. Por ejemplo cuando un descendiente de la víctima mira al criminal y le dice: “sí, te considero como un humano, te veo como un humano, como todo el mundo, con una culpabilidad particular”. Cuando alguien dice a este perpetrador “te quiero” él ya no necesita defenderse, su cara cambia, se suaviza. Luego se acercan el uno al otro… y se ha terminado.