El Dinero Reflexiones: Bert Hellinger

Son realmente interesantes las reflexiones que Bert hizo acerca del dinero.

Y no sólo hizo esas reflexiones en la teoría sino que vivió en exactamente ese sentido y se comportó de acuerdo a ellas.

¿Qué se requiere para que el dinero quede con nosotros, que no salga corriendo, que no huya?
Hoy hablo acerca del dinero.
Algunos de ustedes puede que se asombren
– para mí el dinero es algo sagrado. Hoy día ¿podemos seguir viviendo sin dinero? Nos mantiene vivos.
Es un regalo divino.

Reflexioné mucho acerca de esto.
Así que entonces ahora digo algo más acerca del dinero; el dinero es fuerza tiene un efecto le antecede algo, por ejemplo una prestación que es remunerada, cuanto más grande la prestación, tanto más fuerza tiene el dinero, siempre y cuando corresponda a la prestación, si es menos que la prestación que se está pagando con él, mantiene su valor pero tiene menos fuerza, cuando va más allá de la prestación en cuestión, también pierde su fuerza, eso se demuestra a través del hecho de que se quiere ir, no quiere ni puede quedarse.
Lo mismo vale cuando acopiamos el dinero en lugar de generar un servicio o gastarlo en pago de un servicio, cuando el dinero se independiza, es decir desconectado de servicios que están al servicio de la vida nuestra y de otros, de ese dinero quedan cifras sin un verdadero valor vuelven a recuperar su valor cuando aportan más que sólo cifras, cuando aportan un servicio que a aquel que lo tiene le exige algo personal, cuando entonces no le es quitado a otros provocándoles un daño, sino que es gastado y dado de forma que con él se logra algo que sirva a ellos y a otros.
Eso sí, también aquí sólo si ellos realizan algo a cambio el dinero prestado que está en lugar de un servicio se pierde, se pierde sin fuerza, el dinero se mueve en el circuito de servicio y remuneración, nuevo servicio, nueva remuneración, en ese circuito crecen ambos el servicio y la remuneración.
A la inversa, sin servicio y sin remuneración correspondiente o cuando el dinero es prestado y entregado sin mirar el servicio que corresponda comienza un circuito similar pero aquí ocurre de pérdida en pérdida, hasta que el sobrante desaparece.

Del cielo regresa a la tierra, aquel que desprecia el dinero de esa persona se mantiene alejado.

Sin dinero pasa a ser débil en lugar de fuerte y permanece pobre.
Aquel que por ser modesto se contenta con poco, para esa persona, el dinero sigue estando disponible, llega cuando esa persona lo necesita, para esa persona sigue siendo una fuerza.

Aquel que valora el dinero puede dejar que se vaya moviendo.

Lo sostiene de una correa larga como a un perro, tanto más gustoso regresa a esa persona cuando lo necesita y lo llama, a veces el dinero se retira, por ejemplo; cuando se nos ofrece un servicio y se lleva a cabo para nosotros muchas veces ofrecida con amor y la menospreciamos, sobre todo el servicio de nuestros padres, solamente cuando respetamos su servicio llega a ellos y a nosotros la recompensa que le corresponde a esa servicio.

Eso también vale en otros aspectos, cuando respetamos al servicio que otros ofrecen a nosotros, muchas veces sin remuneración, de ese servicio también llega una recompensa para ellos y para nosotros, ellos nos pagan nuestro respeto con más de su desempeño sin fijarse en el esfuerzo, sin nuestro respeto, su servicio se queda vacío.

Todo el dinero viene y se queda en este mundo, en el otro mundo aquel que está más allá del nuestro, vale otra moneda. Sin embargo, el dinero de este mundo tiene un efecto en el otro si lo tomamos y también soltamos de una buena manera.

Cuando nuestro tiempo se acaba, tiene el permiso de quedarse, cumplió su misión.

La pregunta es:
¿Para quién o para qué se queda?
La persona que lo recibe después de nosotros
¿tiene la fuerza para quedárselo?
¿Lo aplicará para un servicio que debe dar con ese dinero, o se transforma en una carga que aplasta en lugar de regalar algo?
¿Qué resulta de estas reflexiones como comprensión?

El dinero se comporta como un mensajero enviado a nosotros desde otro lugar, quiere que nosotros lo ganemos para hacer una servicio y, para luego soltarlo en el momento correcto.
Escuchamos el mensaje que este mensajero nos transmite de otro lugar y nos fijamos cuidadosamente lo que él nos exige al servicio de su patrón, sea lo que fuere en definitiva. No podemos ni debemos elegir.

Nosotros tratamos nuestro dinero con devoción, como con una revelación divina en sintonía con la cual estamos de acuerdo con el dinero sin importar lo que espera de nosotros y nos exige.
En sintonía con esa revelación nuestro trato con él se transforma en un servicio a Dios y un servicio de vida para muchos.

Un servicio con amor, o sea, el dinero tiene algo que ver con el domingo. El domingo es un día lindo para gastar algo de él y regalar una alegría a nosotros y a otros, en este sentido deseo a ustedes un lindo domingo y una semana provechosa.

Su Bert Hellinger