Crecimiento Interior 

HELLINGER al grupo En algún momento comprendí cómo se realiza el crecimiento interior. El crecimiento interior se realiza cuando damos un lugar a algo nuevo. Por regla general, este algo nuevo es algo que antes se rechazaba; por ejemplo, la propia sombra. O algo que se lamentaba, por ejemplo, una culpa personal. 

Cuando miro aquello que antes rechazaba y digo: “sí, ahora te llevo a mi alma”, crezco. Ya no soy inocente, pero he crecido. Los inocentes no pueden crecer, siempre siguen siendo los mismos, siempre son como niños. 

Y no sólo es así en nuestra propia alma, sino también en relación a nuestra familia. Algunos rechazan algo en sus padres, diciendo: “eso no es tan bueno”. De esta manera, en relación a sus padres, se constituyen en jueces que deciden sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo. En cambio, si el hijo dice: “me alegro de teneros”, crece. De hecho, los hijos más desgraciados son aquellos que tienen unos padres perfectos, porque así no pueden crecer. Esto es un consuelo para los padres imperfectos. 

Notamos en nuestra propia alma cuál es el efecto de asentir a todo tal y como es: en nosotros mismos, en los padres, en la familia. También a aquellos que antes menospreciábamos los llevamos a nuestra alma y crecemos. 

Pero todo esto va más allá de la propia familia. A veces me enfado con alguien (con razón, por supuesto), pero luego me doy cuenta de que me he vuelto más estrecho. Así, no me queda más remedio que decir: “sí, te reconozco como igualmente válido y a tu manera especial, no sólo eres bueno, sino también eres importante para mí”. Así acabo creciendo. 

Éste es, en el fondo, el principio de la paz: reconocer aquello que antes se rechazaba, sin pretender cambiarlo y afirmando que tiene el mismo derecho que yo. A la inversa, también significa que yo me haga valer como persona con el mismo derecho que todos los demás. Así se da la paz. 

Tengo un amigo que dijo unas frases muy bellas sobre la igualdad de los hombres. Por ejemplo: “Mi padre celestial deja brillar el sol sobre buenos y malos de la misma manera, y deja caer la lluvia sobre justos e injustos de la misma manera”. Aquí no hay ninguna diferencia.