La Concordancia
Una actitud libre de intenciones y de temor permite la concordancia con la realidad tal como es, también con su lado temible, arrollador y terrible. Por tanto, el terapeuta está en concordancia con la felicidad y la desdicha, con la inocencia y la culpa, con la salud y la enfermedad, con la vida y la muerte.
Pero justamente de esta concordancia gana la comprensión y la fuerza para enfrentarse también a la fatalidad, y en concordancia con esta realidad, a veces puede darle un giro. También a este respecto contaré una historia:

Un discípulo se dirigió a un maestro

—¡Dime lo que es la libertad!
—¿Qué libertad? —le preguntó el maestro—.

La primera libertad es la necedad.
Se asemeja al caballo que, relinchando, derriba a su jinete.
Pero tanto más fuerte siente su mano después.

La segunda libertad es el arrepentimiento.
Se asemeja al timonel que se queda en el barco naufragado, en vez de bajar al bote salvavidas.

La tercera libertad es el entendimiento.
Se presenta después de la necedad y después del arrepentimiento. Se asemeja a la brizna que se balancea con el aire y, porque cede donde es débil, se sostiene.

 

El discípulo preguntó:
—¿Esto es todo?
Replicó el maestro:
—Algunos piensan que son ellos mismos los que buscan la verdad de su alma. Pero la Gran Alma piensa y busca a través de ellos. Al igual que la Naturaleza, puede permitirse muchos errores, ya que sin esfuerzo sustituye a los jugadores equivocados por otros nuevos. A aquel, sin embargo, que deja que sea ella la que piense, a veces le concede algún margen de movimiento y, como el río lleva al nadador que se entrega a sus aguas, también ella lo lleva a la orilla, uniendo sus fuerzas a las de él.

Bert Hellinger – Ordenes del Amor