Calw y Hermann Hesse

El pueblo donde nació Hermann Hesse es un pueblo alemán, pequeño y pintoresco.

Llegamos después de manejar toda la noche, la adrenalina no dejó que descansáramos mucho.
Al llegar corrí al centro de turismo, les pedí que me dijeran donde estaba el museo y justo al final de la calle se podía ver, claro que la chica me advirtió que corriera, faltaban 40 minutos para que cerrara el museo, corrí y pague las entradas otra vez la persona encargada del museo me advierte que cierran a las 5pm y solo me quedan 35 minutos.


La persona encargada del museo corre y me orienta lo mejor que puede en seguida que llego tengo la sensación de estar en la maquina del tiempo y me veo leyendo “Demian”, uno de mis libros favoritos, paso a la sala siguiente y me topo de frente con las gafas, tijeras y pluma de Hermann Hesse, me duele el estomago y en ese momento giro y allí esta la vitrina con sus cosas personales, me da vuelta la habitación y busco mi celular para tomar foto a todo quiero atesorar todo lo que sea posible, busco el libro “Bajo la Rueda”, ese libro marcó la diferencia en vida de adolescente, nunca dejaría mi vida hundirse como el personaje de ese libro, como sufrí con él, miro mi vida como en una regresión yo allí parada con mi pelo corto mi uniforme rosa espantoso y mi libro donde escapo a otro mundo.

En la última sala esta el final de su vida, India, con sus viajes misioneros y sus pinturas, desconocía que él pintara y desconocía su amor por la gente, por la lucha del bien, ese Hesse estaba intuido pero no moriría sin comprobarlo. Cuanto amé ese tiempo y cuánto tiempo tuvo que pasar para llegar a tí y a tu tierra y a la casa de nacimiento a las calles que pisaste y nunca cambiaron, ni siquiera ahora, piso tu tierra y miro tu cielo y las casas más nuevas mas adornadas pero dentro de ellas, la misma arcilla la misma piedra. 

 


Cuando ví que tu inspiración también había sido tu madre, entendí todo; esa parte espiritual que mira a Dios en la cara de la gente, no en un sistema. Volví a sentir el vertigo del tiempo, yo  buscando respuestas y tu dándolas a una niña de 14 años que hoy con 54 se para frente a tu balija de viajes, sus sellos pegados alegremente y tu ropa colgada diciéndome hola, ya llegast 40 años después pero llegaste. Me hizo tan feliz verte y tu cara delineada a lápiz en un papel que alguien capto tu paz en el lecho de muerte y ese semblante de “me voy feliz a donde sea que vaya.”
Que llenura de alma, que plenitud exhalabas, te vi y volviste a llenar mi alma de adolescente parada frente a ti.
Lloré como lloro ahora que escribo esta carta, te di las gracias, te escribí una carta en el libro de visitas y me marche adulta, feliz, un poco mas completa un poco más….


Tomé fotos dentro del pueblo paseamos por el jardín de Hermann Hesse.
Bajamos a cenar muy cerca, el restaurant esta bajando unas escaleras, como en un sótano y nos sorprendió lo cálido y amigable del lugar, pedí pescado y mi marido un platillo típico del lugar.
Una mesa repleta de gente esperaban un último platillo y en eso miramos a un alegre Chef corriendo con singular elegancia hacia la mesa pidiendo disculpas y asegurándose de que estuvieran bien atendidos, llegó a mi mesa y nos pregunta que si estamos bien, a grandes rasgos le dejé saber nuestra visita y mi historia con Hesse, él nos cuenta que es el dueño que tiene 30 años de estar allí, después de hablar un poco más, nos sorprende diciéndonos que tiene algo para nosotros, sube y baja con dos aperitivos de la casa y poniéndose la mano en el corazón nos dice, con todo el amor para ustedes, nos mira y yo inmediatamente vuelvo a sentir como el pueblo de Calw, el lugar que piso, la candidez de sus palabras, su sensibilidad me arropan y todo se convierte en un gracias, atrás de ese rostro amable y sereno vislumbro la sonrisa de mismísimo Hesse que ya me esperaba, todo aguardaba yo solo tenía que llegar, me tomó cuarenta años,  llegué. 

Gracias Herman Hesse,

Gracias Calw,

Gracias Tom.

ALHM