La transgresión del orden jerárquico ocurre a menudo con buena intención. Ocurre por amor. Viene de un amor inocente y se transgrede con buena intención.

En nuestra cultura y religión es ese amor alabado como el mas grande. Por ejemplo cuando alguien como Jesús, al menos por lo que se ha dicho de él, ofrece su vida para salvarnos de nuestros pecados. Como recompensa por su sacrificio, fue elevado al cielo con Dios y se convirtió en su hijo. En un niño, que está dispuesto a sacrificar su vida para salvar a su madre o a su padre –o en la vida, cuando alguien en su ilusión quiere rescatar a otro, en medida de que está dispuesto a tomar su destino- le conduce este amor a que se sacrifique con la idea de poder pertenecer de una manera especial a su familia o a su grupo. Esta idea y esta manera de actuar vienen de una buena conciencia.

Los peligros de la inocencia

A qué se le llama inocencia? Como se experimienta en nuestra alma? La experimentamos como la certeza de poder formar parte, hasta a costa de nuestra vida. La certeza de poder formar parte de una manera especial es más importante que la propia vida. Quien sacrifica su vida de esta manera comunmente se siente como el elegido. Aquí todavía tiene algo importancia. Los que estuvieron ahí antes son percibidos como más importantes que aquellos que llegaron después.

Aquí son más importantes los padres que los hijos. Los hijos lo notan. Prefieren sacrificarse a perder a sus padres. En sentido inverso los padres le dicen internamente a un hijo „mejor tú que yo“ . Aquí también tiene efectos ocultos el orden jerárquico. Este es el trasfondo decisivo para los niños sacrificados, como era realmente en la antigüedad, o  en sentido figurado por ejemplo en la idea de los hijos „mejor yo que tu“. También encontramos esas ideas entre parejas. También aquí algunas veces le dice uno al otro internamente „mejor tú que yo“, y el otro le dice „mejor yo que tú“.