SOBRE  INFIDELIDAD Y SEPARACIÓN

A veces, a pesar de la seguridad o de la intención de quererse para toda la vida, el amor se deteriora. A menudo el pasado, un muerto, un mandato o el destino interfieren provocando que uno de los dos deja de estar disponible. Entonces la separación se transforma en destino de los dos. Es una nueva oportunidad.

La razón real de una separación viene del pasado, por destino, es un movimiento de compensación cuya comprensión nos supera por completo. En el momento de vivirla no llegamos a saber el por qué, sólo tenemos que vivirla y permitirnos vivir el duelo sin buscar culpables.

El respeto al Destino es lo que nos ha de guiar.

“Quiero y respeto lo que nos guía juntos. Quiero y respeto lo que te guía a ti; quiero y respeto lo que me guía a mí, aun cuando esto nos pueda separar.”

Para conseguir hacer bien una separación, es necesario renunciar buscar las responsabilidades. Vienen del pasado, de intrincaciones inconscientes. Además la verdad es siempre lo contrario de lo que aparenta ser como lo vemos en cada constelación…

Los ex cónyuges se dicen:

Te elegí. Te he querido mucho. Todo lo que te he dado lo hice con ganas y con placer. Me has dado mucho y te honro. En cuanto a lo que pasó entre nosotros, asumo mi parte de responsabilidad y te dejo la tuya. Y ahora te dejo, estoy libre, estás libre.

Una separación causa mucho sufrimiento. Hay que aceptar pasar por este sufrimiento, hacer el duelo de ese amor que compartimos.

Existen varios modos de evitar hacer el duelo:

 

  • Buscar el culpable de la separación, en lugar de asumir el dolor y la realidad tal y como es.
  • Enfadarse con el que se ha marchado o ha muerto; frecuente en los niños.
  • Autocompasión, en la que uno no ve más que a sí mismo.
  • La decisión interior está tomada pero no asumida. La visita a varios terapeutas permite confirmar de nuevo que las cosas no pueden seguir así, pero en vez de actuar, la terapia permite que la pareja se rebele contra los terapeutas en vez de contra sí mismo.
  • Permanecer juntos en el malvivir, durante mucho tiempo, aunque la relación haya terminado.

Frecuentemente la persona que va a decidir la separación – por su intrincación –   va a sufrir mucho previamente para, inconscientemente, poder estar justificada, tener la consciencia tranquila en el momento de decidir separarse.

Lo oportuno es reconocer que uno de los dos se aleja, que ha rechazado algo y asume la responsabilidad, a la vez que reconoce que lo que ha vivido ha sido bello y dice ahora te dejo tranquilo, me voy.

El que decide separarse compensa al  otro dejándole los hijos y la casa.

La segunda pareja es a menudo una pareja de transición. Este enamoramiento ayuda a culminar la separación con la primera pareja, cuando esta separación es especialmente difícil.

Los amores pasionales suelen permiten revivir conflictos y bloqueos infantiles, totalmente reprimidos en la etapa anterior, que resurgen con fuerza hasta que las personas se percatan de la imposibilidad de la satisfacción de esos deseos tan devastadores. En efecto el marco ya no es el de la infancia, el otro no es mi  papa ni mi mamá. El principio de realidad se vuelve a imponer y la oportunidad de crecimiento también.

La separación debe ser la oportunidad para ambos de un crecimiento, de una nueva oportunidad, de una nueva felicidad para que el sufrimiento no haya sido en vano.

Cuando uno ha sido infiel y lo dice a su pareja, se descarga de su responsabilidad y se la carga al otro. Su excusa es la sinceridad. Esa sinceridad destruye la relación, en esa sinceridad no hay amor, sólo miedo y culpa. La sinceridad no es un valor per se. La realidad es que la persona no aguanta su culpabilidad y quiere que el otro se haga cargo de la culpa.

Donde hay reparación desaparece la culpa.

Entonces el criterio es como reparar el daño que se ha hecho. Es buscar lo que traerá más energía y lo que hará sufrir menos a la otra persona. Cada uno debe llevar y resolver él mismo el problema que ha creado, así como asumir él solo las consecuencias. Puede reequilibrar haciendo un bien al otro, en secreto, sin que lo sepa.

A menudo el que se siente la víctima de una infidelidad la ha provocado él mismo, atrapado por un muerto, rechazando la vida, el sexo, la alegría de vivir.

Las infidelidades muestran una presión del sistema para resolver algo. Lo más frecuente es que muestren a un excluido, uno de los conyugues representa a una pareja anterior de uno de sus padres y reproduce la relación fracasada de este excluido.

En los triángulos estables cada uno tiene su rol y se necesitan todos. Por ejemplo, marido y mujer, donde la mujer hace de madre del marido, y el marido tiene una relación estable con una amante que hace de pareja. Y cada uno por su historia y desorden necesita este triángulo.

Cuando uno se hace amante de una pareja casada, esta relación sólo funcionará así: el/la amante necesita alguien que no sea disponible.  Y el casado sólo está atraído mientras no pueda convivir son su amante…

Bert Hellinger