Hay personas que para tomar decisiones son más rápidas que otras, más lanzadas, no valoran tanto los riesgos,  los pros y los contras. Simplemente se lanzan, asumen el riesgo.

Hay otras que necesitan más tiempo para decidirse, porque siempre  valoran  los riesgos y evidentemente no saben si la decisión que tomarán será la correcta. Ninguna decisión lo será,  ¿o sí?…

Hay otras que se auto-engañan, y asumen el mérito de tomar determinadas decisiones en su vida, cuando en realidad lo que han ido haciendo a lo largo del tiempo es sumarse al carro de las decisiones de otros.

¿Son mejores unos qué otros?,  ¿Quiénes pueden salir más exitosos? ¿O quiénes se defraudarán más (o menos) si las cosas no salen cómo esperan? Preguntas de difícil respuesta.

A priori podría decirse que todos quisiéramos pertenecer al primer grupo, al grupo de los valientes, de los que arriesgan, de los que se tiran desde una roca al mar. Esa es la gente cool!

La sociedad nos alienta continuamente a ello. “No te lo pienses, lánzate, haz esto, haz lo otro”… Y es que, ya sabemos que nos encanta  hablar, sobre todo, opinar sobre lo que los demás deben o no hacer con sus vidas, todo con tal de no mirar hacia dentro y reflexionar sobre lo que nosotros estamos haciendo con las nuestras.

Los del segundo grupo son un coñazo, “que si ésto, que si lo otro…” Esto sí, pero…”  ¡hay que ver que de vueltas para tomar una decisión!, “ésas cosas se ven claras o no se ven”… (lo dicho, nos encanta opinar)

Y los del tercer grupo viven en una burbuja que si estalla puede doler -y mucho- dependiendo de las herramientas que cada cual tenga para solventarlo.

Pero  seamos francos, la toma de decisiones, de decisiones complejas, no es tarea fácil.

A diario tomamos más de 2500 decisiones, y lo hacemos de manera inconsciente, automática. La neurociencia actualmente ya puede comprobar que antes de penetrar en la conciencia, hay decisiones que ya están tomadas por complejas redes cerebrales.

Sólo que cuando hablamos de decisiones importantes, del tipo que sean, desearíamos que bajara alguien del reino celestial y nos dijera qué es lo que debemos hacer. Pero no señores y señoras, ya sabemos la respuesta:

– “La respuesta está en ti” (… ajá, gracias por la aportación… ¿y cómo la descubro?)

Según John- Dylan Haynes  las decisiones sencillas están conformadas por dos aspectos:

Un aspecto es el proceso cerebral, lo que sucede en el cerebro y nos lleva a elegir una cosa u otra, y otro aspecto es  lo que conscientemente sabemos qué queremos hacer. Tras éste proceso, tomamos una decisión.

Sin embargo, la investigación demuestra que en el cerebro se inicia un proceso cerebral inconsciente: 5 segundos antes de que tu mente consciente haya decidido, tu cerebro ya ha tomado una decisión sin que tú seas consciente de ello.

Luego, está el hecho de que cada persona afronta la resolución de problemas de una forma diferente, basada principalmente en su experiencia y en su historia de reforzamiento.

Es por ello que existen muchos y variados tipos de modelos de cómo se toman las decisiones y existe un esquema básico de resolución de problemas (D´Zurilla, Goldfried, 1971) que plantea como hacerlo de forma efectiva, el cuál se ha incorporado a la terapia cognitivo conductual con todos los méritos (Nezu, 2004). Pero no es el único.

A lo largo de nuestra vida, eludimos tomar determinadas decisiones. Bien porque no es la ocasión, bien porque no se dan las circunstancias, bien porque no queremos enfrentarnos a nuestra realidad. Subsistimos, y lo dejamos pasar.

Pero llega un momento en el que ya te sientes preparado/a para decidir y el problema es que no sabes cómo.

Para ello y por fortuna, tenemos una multitud de modelos a seguir, según cada circunstancia. Son métodos: no ofrecen respuestas sino que plantean preguntas; las respuestas aparecen una vez que se han usado los modelos, es decir, cuando éstos ya se han rellenado y han sido trabajados.

Hoy te proponemos el siguiente, extraído del libro: El pequeño libro de las grandes decisiones. 

Recomendación: Si has de enfrentarte a una decisión importante, échale un vistazo.

MODELO DEL RENDIMIENTO PERSONAL

CÓMO SABER SI DEBERÍAMOS CAMBIAR DE TRABAJO

Mucha gente está descontenta con su trabajo. Pero ¿cómo se puede medir la insatisfacción en el trabajo? Este modelo nos ayuda a evaluar nuestra situación laboral.

Cada noche durante tres semanas, hazte las siguientes preguntas, y anota las respuestas en el modelo en una escala del uno («no es pertinente») al diez («es totalmente pertinente»):

  • ¿Hasta qué punto me imponen o me exigen mis tareas actuales?
  • ¿Hasta qué punto mis tareas se corresponden con mis aptitudes?
  • ¿Hasta qué punto mi cometido actual se corresponde con lo que realmente quiero?

grafico_decisiones

 

 

Tras tres semanas, analiza las formas de las distintas «velas». Si te «mueves», tu trabajo te ofrece variedad. Si la forma de la vela es siempre la misma, entonces debes cuestionarte lo siguiente:

  • ¿Qué quieres?
  • ¿Eres capaz de hacer lo que quieres?
  • ¿Qué eres capaz de hacer?
  • ¿Quieres lo que eres capaz de hacer?

 

 

autor: mbravo